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El año de la consolidación

En un país como la Argentina, cambiante, y con una economía que avanza de manera espasmódica y hasta contradictoria, en función del signo político que ostente el poder, innovar no es fácil.

Más en un rubro como el vitivinícola. Mientras que en países productores con un clima para los negocios mucho más previsible algunas bodegas plantean recuperar el capital invertido en un lapso de tiempo que puede promediar los quince años. En la Argentina esta variable es toda una lotería.
El contexto adverso para operar en los últimos años, de hecho, llevó a que la industria avance en un complejo proceso de desinversión.
Un informe de la División Vinos del Banco Supervielle (en base a una muestra que nuclea a compañías que representan el 70% de la facturación total de la industria) evidencia que los activos totales del sector cayeron cerca de un 20% entre 2011 y 2015. “Esto revela que la industria no ha invertido lo suficiente ni siquiera para reponer el stock de capital”, advierte el informe.
En este escenario difícil, en el que proliferan los procesos de fusiones y adquisiciones, por el cual los jugadores más grandes absorben a los más chicos, se presenta como una bocanada de aire fresco observar que muchas bodegas siguen apostando por la innovación.
Casarena es un ejemplo de esto, entre muchas otras bodegas. Básicamente porque realizó una apuesta ambiciosa al intentar expandir la frontera vitivinícola de Agrelo, en Luján de Cuyo, con la incorporación de un nuevo viñedo en una zona que estaba prácticamente inexplorada, que se emplaza al costado de la Ruta 40. Y tuvo éxito.
La entrada en producción de esta finca, que fue bautizada como Naoki, sin dudas fue uno de los hechos destacables del 2016. Primero, por el gran esfuerzo que implicó, desde plantar las vides por la gran presencia de rocas, hasta las tareas para llevar el agua hasta ese lugar.
Segundo, por el interesante primer Malbec que han logrado alumbrar. Un ejemplar que realmente se desmarca de lo común, que se escapa un poco del “manual” de la tipicidad que suele entregar Agrelo para esa variedad y que obliga a repensar el potencial de esa zona, de la mano de su paleta más elegante, dominada por especias, flores y hierbas, y con una acidez natural inusitada para la región en general.
Esa innovación, que fue el resultado de una mezcla entre trabajo duro y visión de futuro, le abre una nueva puerta a Casarena para seguir creciendo.
Así, en un marco complejo como se dio en los últimos años, en los que muchas bodegas debieron reprogramar su plan de negocios, hubo otras que redoblaron el esfuerzo. Casarena fue una de ellas. Y 2016, tras un largo período de investigación y desarrollo, podría considerarse un año de consolidación para este proyecto.

Juan Diego Wasilevsky, Editor de Vinos & Bodegas iProfesional.com 



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