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CASARENA, Innovación y Alta Gama

Con la modernidad como bastión, tanto en el estilo de sus vinos como en sus diseños y propuestas, esta joven bodega mendocina ha logrado que Luján de Cuyo vuelva a aparecer en el mapa de los proyectos innovadores. Y es que la fiebre y fanatismo por todo lo que sale del Valle de Uco no tiene freno. Bien merecido que lo tiene: de allí está naciendo lo más revolucionario de la vitivinicultura local, con los proyectos más rupturistas y desfachatados por un lado, así como los más disruptivos en términos de calidad por el otro, sobre todo en un estilo de vinos moderno y de una marcada mineralidad. Pero como todo lo nuevo, muchas veces deja injustamente en segundo plano a lo clásico y tradicional, como si fuera necesario barrer con todo lo establecido para instalarse en lo más alto. Y así como sucede en muchos órdenes de la vida, esta dicotomía termina resultando errada cuando se la lleva al extremo. Con Casarena pasa justamente eso.

Nacida en el corazón de Luján de Cuyo, sus vinos explotan de modernidad, innovación y mucha onda, aún sin venir del oasis de moda. Elaborados por el genial winemaker Manuel Quiroga Ádamo, que luego de su exitoso paso por El Porvenir de Cafayate, tomó las riendas de la bodega de la mano de su antecesor, Bernardo Bossi Bonilla, sus vinos resultan vibrantes, y hasta algo minerales, según de la finca de donde provengan sus uvas.  Su estilo se construye siempre desde viñedos propios, ubicadas tanto en Agrelo como en Perdriel, en el que se prioriza la frescura por sobre la madera, y la fruta por sobre la evolución, cumpliendo con lo que le piden sus consumidores de Europa y los Estados Unidos, sus principales mercados desde que se fundó en 2007. Todo esto sin dejar al consumidor argentino afuera, sobre todo los que buscan novedades en bodegas menos conocidas.

Y para confirmar que son una bodega que está a la vanguardia y que juega de local en la cancha de la alta gama, vienen sorprendiendo a todos con un nuevo terroir. Tan nuevo, que no tiene nombre ni una denominación exacta, a pesar de ubicarse en uno de los extremos de Agrelo, bordeando la ruta 40 hacia el sur, camino al Valle de Uco pero aún en Luján de Cuyo, con un perfil ni de aquí ni de allá, que viene redefiniendo el potencial de la zona como nunca antes.

 

Con Naoki´s nace un nuevo terroir en Agrelo

El lugar donde nacen las uvas es considerado en la Argentina un factor cada vez más importante a la hora de definir el perfil de los vinos que de allí saldrán. Cada vez más lejos de las prácticas que lo uniformizaban todo, las bodegas argentinas están llevando al extremo la búsqueda de su propia identidad poniendo el foco, sobre todo, en el suelo de sus fincas para lograr la tan ansiada diversidad. Y es que ya no tienen en la mira al modelo inalcanzable que representaban hasta hace poco tiempo los grandes vinos del viejo mundo sino que, cada vez más, buscan mirarse al espejo y tratan de desentrañar lo que hace único a sus propios vinosY es que se puede copiar todo menos el terruño.

La Finca Naoki está ubicada en Agrelo, a la vera de la ruta 40, en una zona que se consideraba “imposible” para plantar viñedos hasta hace muy poco, esencialmente por la escasez de agua y la fuerte presencia de cemento indio en sus suelos, sumados a rocas gigantes y en muchos casos impenetrables, que volvían la idea de hacer crecer uva allí una verdadera locura. Pero de esas locuras lindas saben mucho los de esta bodega, que vienen revolucionando la escena desde una región considerada más clásica, frente al fenómeno del Valle de Uco, que se roba todas las miradas. Sin embargo, Casarena demuestra una vez más que desde Agrelo y Perdriel también se pueden hacer vinos de vanguardia, y esencialmente ricos (porque de eso se trata finalmente).



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